
EL CORAZON
DE LA
ESFINGE
MARIA ISABEL ESTEBAN
(C A M A L E O N)
Num. Registro: BI-392-04
Camaleón_118@hotmail.com
Soy una mujer que tiene en la actualidad 47 años, y que cuando disfrutaba de los joviales y lozanos 30 años, tuve una experiencia que me marcó profundamente para toda mi vida. Duró tres años. Lo único que puedo decir, es que en el momento en el que me quedaba dormida a la noche, iba a otra realidad, donde yo seguía siendo la misma, pero con otras circunstancias, otros amigos...
Ignoro si esta experiencia sucedió en esta realidad, aunque en un lugar distinto, o fue vivida en otra dimensión o vida alternativa. En estos niveles me pierdo, pues soy una total ignorante del tema. Lo único que puedo decir es que para mí fue la experiencia más maravillosa, entrañable, enriquecedora y consciente que he tenido en mi vida, y posiblemente en toda mi existencia.
Deseo con todo mi corazón que recibáis esta experiencia como un regalo. Con esta intención la he escrito en este libro, para compartirla con todos vosotros.
No soy escritora, ni tengo estilo literario alguno. Me he limitado tan solo, dentro de mis capacidades, a reflejar en unas hojas todo lo vivido, sin alterar nada. Eso sí, ha habido cosas que se han quedado en el tintero, tampoco son importantes, pero es que una tiene sus limitaciones.
Es el primer libro que escribo en mi vida, y posiblemente el último también. Recibirlo como el regalo de un corazón.
Con todo mi amor fraterno, sobre todo para los que albergan en su corazón, la ilusión y esperanza por el ser humano.
Dedicado a todos los corazones sanadores de este planeta, y de esta humanidad tan maravillosa. ¡Mi verdadera familia!.
CAMALEON
Son las cinco de la tarde y Raquel se encuentra sentada sobre el sofá azul de su recién estrenado salón apurando una taza de café y leyendo por última vez la carta que ha escrito con destino Madrid.
“Mi querido y entrañable David: Marcos está aquí, en el Hospital Estrella de David. Hablé anoche con él por teléfono. Esta vez no puede venir a verme, así que iré yo a su encuentro y le daré esta nota en mano para que os la entregue cuando llegue a casa. Un asunto urgente y delicado le ha traído hasta aquí, pero no me especificó. Espero que cuando le vea pueda contarme algo más.
Sé que has estado intentando comunicarte conmigo sin conseguirlo, pero es que dadas las circunstancias de esta zona, es imposible, la mayoría de los días, el entablar contacto con el exterior. A veces esta dichosa guerra entre judios y palestinos es fría y tensa, pero últimamente está muy caliente. Se han desatado y liberado los demonios del odio y del resentimiento, y la furia de estos dos pueblos tan maravillosos en su esencia, está a punto de reventar.
Marcos me ha comentado que estás muy preocupado por mí, y el que yo te diga ahora que no hay motivo, sería una enorme torpeza por muy parte, pues yo también lo estaría por ti, pero estoy bien, amigo mío, animada y muy ilusionada, aunque también muy nerviosa. Ya sabes lo importante que era para mí venir a esta zona. Se lo debo a mi madre, pero sobre todo a mí misma. De todas formas, si las cosas se pusieran muy feas, tengo la embajada, aunque creo que no se dará esta circunstancia. Todos nosotros sabemos que estamos protegidos por el Cielo, y no porque seamos especiales, sino porque queremos hacer cosas por este nuestro planeta y nuestra gente. Pero vayamos a la salsa de la cuestión, a lo más positivo:
Desde que vine, el 15 de Junio, he ido de hotel en hotel, y no ha sido una experiencia agradable. Me he sentido en todo momento como una extraña, como una turista más, y mi objetivo primordial, ya lo sabes, es echar raíces aquí, quedarme un tiempo, como mínimo cinco años. Asi que harta ya de deambular, me he decidido, y con parte del dinero que me dejaron mis padres en el testamento, me he comprado un pequeño chalet en el mismo Tell-Aviv. Estoy bastante apartada del centro de la ciudad, pero con el coche no tengo ningún problema. ¡Ah...eso sí...mis únicos vecinos son el Cielo y el mar!. ¿Te doy envidia...?. Ahora mismo te estoy escribiendo desde la terraza, mirando hacia el horizonte marino y escuchando el placentero y romántico chasquido del agua contra las rocas...Pero no todo es poesía...,no creas... El resto de la casa está plagado de paquetes y cajas todavía sin desembalar, apilados por doquier, pero es que quiero hacerlo con cariño, despacio, con el mismo amor que pusimos todos nosotros hace ya veinte años en poner nuestra casita de estudiantes en Madrid. ¡Qué hermoso ha sido todo este tiempo!. Esta casa la he comprado pensando en vosotros, porque también es vuestra, al igual que mi corazón.
Y como me estoy poniendo como un flan, y lo paso muy mal, te dejo por hoy. Tendréis más noticias mías por medio de Marcos. Además de darle un abrazo, tengo que concretar con él algunos detalles del hospital. Anoche me dijo que un amigo suyo israelí trabaja en un centro del Corazón Púrpura, y necesitan con urgencia personal médico.
Os quiero mucho, con toda mi alma. ¡Hasta pronto!. Raquel
Raquel terminó de leer la carta y unas lágrimas inundaron su rostro. Estaba feliz porque había conseguido llegar al principio de su gran sueño, pero les echaba mucho de menos. Dobló el folio y lo metió en un sobre abierto. Fue a la cocina, se preparó una ensalada y un poco de fruta. Iba a ir al encuentro de Marcos e iba a estar con él hasta su marcha, e ignoraba cúando sería ésta. La mañana siguiente prometía ser movidita, pues no estaba dispuesta a demorar el asunto del hospital del que le había hablado su amigo.
Siguiendo las instrucciones de su amigo Marcos, Raquel se encontraba tomando un cumplido desayuno en una céntrica cafetería de Jerusalem. Tenía una cita para las 9,30 en el Magen David Adom Hospital, y como desconocía la red de carreteras de aquella zona, había optado por salir de madrugada de Tell-Aviv y hacer tiempo en la capital.
Concluído su desayuno abandonó el local y se dirigió dando un paseo hacia el suntuoso hospital. Atravesó un pequeño, pero precioso jardín que a esas horas se hallaba atestado de estudiantes que con sus mochilas esperaban a sus respectivos autocares. Si no fuera por la extraña mezcla de hebreo, árabe e inglés que se removía en el centro de aquél juvenil griterío, le hubiese dado la sensación de encontrarse de nuevo en casa. Las grandes ciudades se parecen.
Con la esperanza de que en recepción hubiese alguien que hablara inglés, pues su hebreo no era muy bueno, cruzó la puerta principal. La planta calle estaba vacía. Tan solo dos hombres, y muy distantes entre sí, se encontraban sentados, en actitud de espera, leyendo el Jerusalem Post.
En un principio, cuando Raquel se dirigió hacia la ATS de recepción, ésta le habló en hebreo, y ella, un poco apurada comentó:
Disculpe...no me defiendo muy bien en su lengua...¿Habla inglés?.
¡Perfectamente...discúlpeme usted...! ¿En qué puedo ayudarla?.
Soy la doctora Reyes, de Madrid, y tengo una cita con el dr. Jordam.
¿Puede darme el nombre o el segundo apellido?.
Pues...no lo sé, ya lo siento...no tengo más referencias...
En este caso, este pequeño problema lo solucionamos enseguida. El caso es que en estos momentos, en este hospital, hay doscientos médicos, y según el ordenador, 12 tienen el mismo apellido, pero lo que voy a hacer es dar su nombre por megafonia, y el interesado responderá.
Muchas gracias.
Cuando la ATS se disponía conectar la voz, uno de los hombres que se encontraban sentados en la sala se acercó y se presentó.
No es necesario, yo soy el dr. Jordam, la estaba esperando.¿Tú eres Raquel
Reyes...?.
¡Sí, soy yo!. El dr. Marcos Guzmán es amigo mío.
¡Pues bienvenida a Jerusalem!. Y dirigiéndose de nuevo a la enfermera le preguntó:
¿Podríamos disponer de una salita privada para hablar?.
Positivo. Ha quedado libre la número cinco de la tercera planta, en traumatología.
¡Gracias, compañera!. ¿De cúanto tiempo disponemos?.
Exactamente de una hora, luego comienza el cursillo. De todas formas, cinco minutos antes les avisaré desde la centralita.
Aquel hombre cogió cariñosamente del brazo a Raquel y se dirigieron hacia el ascensor. El la miraba sonriente, pero ella, dada su timidez, permanecía en silencio. Estaba un poco tensa, así que para romper un poco el hielo, retomó la conversación:
¿Así que tu también eres amigo de Marcos..., de qué os conoceis?.
Antes que nada, Raquel...¿quieres tomar algo?. En esta planta hay una cafetería.
No, gracias, acabo de tomar el desayuno. Jordam...¿pero cúal es tu nombre?.
Jhoan. Creo que en tu idioma equivale a Juan, ¿es así?.
Sí, pero me suena mucho mejor en hebreo.
Veo que tienes dificultad en hablar nuestro idioma. Si lo deseas podemos entendernos en inglés.
¡No sabes como te lo agradezco. Aunque se tu lengua, como no la utilizo nunca, me resulta complicado hablarla.
No te preocupes...te soltarás enseguida. Además...sabiendo inglés, no tendrás ningún problema. Es una lengua oficial aquí. ¡Ya hemos llegado...aquí es...toda la sala es nuestra...adelante...!
Tomaron asiento en un sofá de piel al lado de un ventanal, y Jhoan, cruzando las piernas en cuatro y apoyando su brazo en el respaldo, por detrás de Raquel, se le quedó mirando con una sonrisa jovial y pícara a la vez.
Antes me has preguntado que dónde nos conocimos Marcos y yo, y no te he contestado
Supongo que aquí...,pero es raro, porque creo que tan solo ha estado tres veces, contando la última de ayer.
Pues aunque te parezca raro, así es. El nuestro fue un encuentro muy fugaz, pero muy contundente. La primera vez que vino a Jerusalem, en Octubre del año pasado, creo que en relación con la gestión de un órgano para trasplante, yo estaba aquí, en este hospital haciendo unos cursillos, como ahora, y nos encontramos en la cafetería de esta planta. Nos miramos, nos echamos un vistazo y surgió el flechazo. Aquel mismo día por la noche, estaba cenando con nosotros en el apartamento que comparto con mi hermano en Hebrón. A partir de aquél día, es como si nos conociéramos de siempre. Es un gran hombre, un gran ser humano y un buen amigo. Y siempre que viene, si no nos podemos ver, nos llamamos por teléfono.
¡Sí que es un gran ser, Jhoan, es un ejemplar muy raro de encontrar. Le quiero mucho.
¿Y tú, Raquel, de qué le conoces?. A un jefe de ese calibre no es muy normal que una doctora tan joven como tu le tenga por amigo...
Estudiamos juntos medicina. Vivió un tiempo conmigo y con unos amigos, en la casa de Madrid, pero pronto alzó el vuelo y comenzó a viajar.
¿Qué estudiasteis juntos...?. No es posible, si él tiene casi la edad de mi hermano, y tiene 44 años.
Jhoan..., ¡cúantos años crees que tengo?.
Tu tendrás los míos, o quizás un poco más joven que yo. Unos treinta...
¡Pues te has quedado muy corto, porque tengo 42.
Ya veo que eres bastante bromista, y con mucho sentido del humor...
¡Que no...que no es broma..., te aseguro que tengo esta edad.
¡¡Pero es increíble!!. Si no lo veo no me lo creo!!. ¿Pero qué haces para mantenerte así...?.
No es ningún mérito mío, viene con la genética familiar, y no solo por parte de un padre, sino de los dos.
¡Así que tu eres diez años mayor que yo...,parece imposible!.
¿Decepcionado quizás?.
¡¡Para nada, solo sorprendido!!.
Jhoan, a pesar de la fluída conversación que se había entablado entre los dos, la sentía nerviosa, intranquila. Por un momento pensó que él era el causante. Tenía una forma demasiado atrevida y directa de entrar con las mujeres.
Te siento nerviosa, Raquel, y somos dos colegas, ¿soy yo acaso y mi forma de actuar la causa de que estés así?.
Para nada, Jhoan, me siento muy a gusto contigo. Lo que pasa es que soy
Algo tímida al principio, y también estoy bastante inquieta desde que vine a Israel.
Menos mal, pensé por un momento que era yo, y la verdad, el que tendría que estar nervioso soy yo, que es el que te va a pedir un gran favor...¿pero por qué Israel te causa tanta inquietud? Te prevengo de que además de ser médico traumatólogo, soy un psicólogo muy curioso?.
¿Y qué hace un psicólogo en un cursillo de traumatología?
Lo soy solo por afición, pero no ejerzo mas que de arregla huesos.
¡Caray...ya veo que no has desaprovechado el tiempo!.
El tiempo es oro, Raquel, y hay muchas cosas que hacer y muchas necesidades que cubrir. Y hablando del tiempo...,se nos ha pasado ya media hora y no hemos tratado el tema en cuestión, y que es por lo que has venido aquí.
No entiendo Jhoan, como podéis estar a falta de personal médico, si en este hospital hay doscientos médicos...
Pero es que el problema no está aquí, sino en Hebrón, yo trabajo allí con mi hermano. En Jerusalem solo estoy de paso. De vez en cuando, y siempre que mi trabajo allí me lo permite, vengo a hacer cursillos y ponerme al día, ya que mi hermano lo tiene más difícil. El que necesita la ayuda es Micael, mi hermano. Yo estoy en el mismo hospital, pero no tengo nada que ver con su zona. El está volcado totalmente con los palestinos, con los refugiados. Es donde más necesidades hay. El mayor problema lo tiene con los niños, y cuando Marcos me dijo que tu eras pediatra, y que querías instalarte aquí por mucho tiempo, se me abrió el Cielo.
¿Y dónde está Hebrón?.
Está más al sur, a unos 35 km de Jerusalem. Por carretera, y con la circulación que hay normalmente, se tarda una media hora larga.
Sí, pero desde Tell-Aviv habrá por lo menos 100 km, y yo vivo allí. Y ese no sería el problema, pues estoy acostumbrada a viajar de punta a punta para ir al trabajo, pero el toque de queda es a las siete de la tarde, y de Jerusalem para abajo no se puede pasar.
¡Es cierto, no me acordaba de ello. La verdad es que no me he acostumbrado todavía a la idea de que estamos en medio de una guerra!. Llevo aquí una semana, y ya casi se me había olvidado el infierno que dejé allí.
Pero por lo que me estás diciendo, Jhoan, tu hermano necesita una persona que pueda estar trabajando las 24 horas del día y disponible.
Sí...él a penas sale del hospital. Cuando termino con mi turno le ayudo, pero no es suficiente.
¿Pero no habéis pedido ayuda?.
¿A quíen Raquel?.
¿Cómo que a quien?. Todos nosotros trabajamos para el Corazón Púrpura, lo llaméis aquí como lo llaméis, y cuando hay una necesidad que cubrir se pide, y la institución apoya siempre. En este centro hay demasiados médicos, y se podría cubrir perfectamente la falta de personal en Hebrón.
Bueno, no todos estos médicos trabajan aquí, la gran mayoría, como yo, están haciendo cursillos. Pero es que el problema tampoco está allí. Lo tiene mi hermano en el campo de refugiados. Aunque compartimos parte del edificio, no tiene nada que ver con el hospital y la institución. Micael pertenece al cuerpo de médicos sin fronteras, y ha trabajo hasta hace diez años en el hospital. Formaba parte de su plantilla. Pero cuando estalló el problema entre estos dos pueblos, y viendo la urgente necesidad de atención médica que había en la zona de los palestinos, tuvo que elegir, y renunció a todo.
¿A qué tuvo que renunciar, Jhoan?.
A su posición. Era considerado como uno de los mejores profesionales en su campo, y también a sus amistades, mejor dicho, ellas renunciaron a él, le dieron el esquinazo. Para los palestinos, aunque están muy agradecidos por su servicio desinteresado, sigue siendo un perro judío del que no se fían, sobre todo cuando las cosas van mal. Y para los nuestros, los judios, es un maldito y sucio colaboracionista. Ninguno puede entender que mi hermano ante todo es un ser humano, y después médico, algo que ya han olvidado el resto de sus compañeros.
¿Y por qué no trabajas tu con él?.
¡Ojalá pudiera, Raquel!.
¿Qué es lo que te lo impide?.
¡El dinero!. El Corazón Púrpura no tiene centro oficial en la zona árabe de Hebrón, y por lo tanto, Micael, no recibe ningún tipo de retribución. Eso sí...de vez en cuando recibe ayuda económica de particulares, pero son destinadas integramente a medicinas. Yo, además de ayudar con mi sueldo a mi hermano, a través de mi equipo puedo solicitar máquinas, utensilios y enseres que son necesarios en el centro...Pero estoy cayendo en la cuenta de que...,he metido la pata hasta el fondo...
¿Y eso...?.
No me he dado cuenta...no he caído en la cuenta...,me entusiasmé cuando hablé con Marcos y...
¿Pero de qué estás hablando?
Raquel, mi hermano no cobra ningún sueldo, vive de lo mío...y yo iba a pedirte que trabajaras con él, sin pensar que tu también tienes que vivir...
Mira, Jhoan...cuando hablaste con Marcos, si no te dijo nada, es porque sabía lo que hacía...
Ahora el que no entiendo soy yo.
Es muy largo de contar, y no tenemos mucho tiempo, pero yo no necesito un sueldo para vivir...ya lo tengo. Más adelante te explicaré el secreto...pero...en este caso concreto...¿Marcos no podría ayudaros?.
Raquel, él sabe de este problema desde que nos conocimos, incluso, personalmente, fue testigo, pero no puede hacer nada, es triste pero es así. Cuando los políticos se niegan a colaborar, no hay nada que hacer. La única ayuda que Marcos nos puede dar, es la económica a nivel personal. El es una de esas manos bondadosas que de vez en cuando apoyan a mi hermano.
Raquel escuchaba atentamente a Jhoan. Ya no estaba inquieta y nerviosa, sino apesadumbrada, triste. El la miró a los ojos profundamente y le cogió cariñosamente la mano. Había notado en su colega el cambio de humor.
¿Te estoy dando la mañana, verdad?. No era esa mi intención, pero es que
cuando Marcos me habló de ti, no se...pero sentí como si una ventana se abriera en mi corazón. Mi intención era invitarte a que colaboraras con nosotros, pero al final, he terminado suplicándote.
Todos los que trabajamos para el ser humano, bien sea en el terreno espiritual o físico, tenemos que hacer lo humanamente imposible para sanar y curar, y si hay que suplicar, se suplica, y si hay que arrastrarse, se arrastra,
Me alivia mucho el ver que piensas así, pero a mi hermano seguro que no le habría gustado mi método.
¿Por qué...acaso no son de los que suplican?.
¡Ha hecho mucho más que eso, Raquel, pero es consciente de que su vida corre peligro constantemente, y también la de aquéllos que trabajen con él.
Jhoan, yo también pertenezco al cuerpo de médicos sin fronteras, y me incluí en él por pura convicción. Soy consciente de los riesgos que conlleva. También es verdad que hasta ahora no me ha tocado estar en ningún ojo del huracán, quiero decir...en una situación comprometida. Alguna vez tenía que ocurrir.
¿Y nunca se te ha solicitado el cubrir un puesto en zonas calientes?.
No...pero tiene una explicación, pero como te he dicho antes, es una historia un poco larga, que más adelante te la contaré. Además, se nos acaba el tiempo.
Sí, dentro de diez minutos empezamos de nuevo el último día del cursillo. Tengo cinco horas por delante, pero si lo deseas, podemos quedar aquí mismo a las cuatro de la tarde y comemos algo juntos. Ahora voy a llamar a mi hermano a ver cómo van las cosas por allí. Creo que un amigo nuestro egipcio, médico también, ha ido a pasar unos días de vacaciones a Hebrón, a casa de unos familiares. Sabe que mi hermano necesita como el respirar un buen descanso y le suple tres días. Puede que este fín de semana Micael esté libre y podamos volver a casa. Hace ya tres meses que no vemos a nuestra madre. Mientras tanto, tú puedes ir pensando en todo lo que te he propuesto.
¡De acuerdo, aquí estaré a las cuatro, Jhoan, y contad conmigo, acepto el reto!.
¿Estás segura, Raquel?. Ni siquiera has visto el lugar, ni conoces a mi hermano, ni la situación en la que te vas a meter...
Mi corazón ha dicho que sí...,lo está deseando, pero necesita pensar y asimilar mi decisión. Mi mente estaba llena de proyectos totalmente distintos, y ahora tengo que hacerla comprender. Es mi socia...¿sabes...?. Y también una buena amiga, y la respeto profundamente.
Como psicólogo te diré que haces muy bien...,pero como ser humano...pienso que has tomado una decisión muy arriesgada precipitadamente.
¡Yo siempre funciono así, Jhoan, mi corazón es siempre el que manda!. El resto le seguimos...
¿Y quienes son el resto?.
Mi personalidad, mis sentimientos, emociones, voluntad...ya sabes...todo lo demás. Puedes decirle a tu hermano que cuente con mi colaboración.
¡Por qué no esperas a conocerle, a hablar con él?.
El que tu hermano sea simpático o antipático, sociable o insociable, no va a cambiar mi decisión. Necesita ayuda y la va a tener. Otra cosa es que yo no le guste y me rechace, pero entonces sería problema suyo, no mío...
¡A mi hermano le caerás muy bien, sois tal para cual!, pero una cosa te voy a advertir: te va a marear, te asediará a preguntas, y él no es como yo, es peor, es más directo, más profundo. Necesita a su lado personas plenamente entregadas, seguras de su trabajo y de sus convicciones. Si yo soy un experto en la mente humana, él la domina y se va a ir metiendo en ella sin que te des cuenta.
¿Y con todos los que quieren ayudarle hace lo mismo?.¡No me extraña que esté tan solo!.
Como te decía antes, Raquel, él se está jugando la vida cada día, a cada minuto, a cada segundo, y una mente que no sea fuerte, no puede vivir con esa carga tan pesada y entregarse plenamente a su trabajo. También te digo que tu eres la primera persona que quiere colaborar con él, y aun así, será implacable contigo.
¿Jhoan...es que quieres meterme miedo?. Me estás mostrando a un hermano que más bien se parece a un monstruo que a otra cosa...
Si hay alguien en este mundo excepcional y maravilloso, ese...es él. Pero es que no quiero que la actitud de mi hermano te haga desistir. Creo que he encontrado un tesoro y no quiero perderlo.
Todos tenemos un gran tesoro en nuestro corazón, Jhoan, pero hay que saber encontrarlo. Tu hermano puede hacerme todas las preguntas del mundo, que yo le responderé con el corazón, y si es tan listo como dices...,cuando me mire a los ojos dejará de hacerme preguntas.
¡¡Lo dicho...sois calcaditos!!. Entonces...¿puedo decírselo a mi hermano cuando le llame?.
¡¡Sí, claro!!
Estoy pensando que...tu sola en Jerusalen cinco horas, va a ser una turrada...¡te propongo una cosa!. Si mi hermano definitivamente queda libre este fín de semana, y yo ahora tengo libres cinco días, nos iríamos con mamá a casa. Vente tu también con nosotros, te lo pasarás muy bien y así tendremos más tiempo para conocernos. Tu vas ahora a tu casa, a Tell-Aviv, y esperas mi llamada. Si por fín vamos, pasamos a recogerte. La casa de mi madre está en Haifa, es un pueblo costero precioso.
El plan es muy apetecible, pero si tu madre lleva tanto tiempo sin veros, el que le vaya ahora una extraña...,y tu hermano no me conoce... y...
¿Quieres ir o no?.
¡Esa no es la cuestión, Jhoan!.
Raquel, mi madre disfrutará con tu presencia. Por fín verá una mujer en nuestras vidas y sin la bata blanca, y a mi hermano le irá bien cambiar de aires y tener a una mujer preciosa al lado.
Dime...¿tu hermano es tan conquistador como tú?. Y Jhoan se echó a reir.
¡No, no es un Don Juan como yo, es más serio, más profundo, pero te aseguro que es mas peligroso que yo. También es un juerguista redomado...¿Qué, aceptas mi propuesta o no...?.
¡Sí, acepto las dos!.
Y en aquéllos instantes el teléfono de la salita sonó. El tiempo había terminado y los cursillos iban a comenzar.
Jhoan acompañó a Raquel hasta la puerta de salida. Ella regresaba a casa a la espera de su llamada. Hubo un momento de indecisión por parte de los dos a la hora de la despedida, pero fue Jhoan quien con cariño y con una amplia sonrisa abrazó y besó en la mejilla a Raquel. Esta le respondió con el mismo afecto.
Cuando se alejaba atravesando de nuevo el jardín, sus ojos se humedecieron y su corazón no paraba de golpear su pecho. Estaba emocionada y algo se estaba removiendo en lo más profundo de su ser.
Eran las cinco y media de la tarde y todavía no tenía noticias de Jhoan. Ya se había preparado algo de ropa y enseres personales en una pequeña bolsa deportiva. Cuando se disponía a salir a la terraza, sonó el móvil.
¡Sí, dígame!
Raquel, soy yo, Jhoan, el Tenorio. Y Raquel se echó a reir.
Ya estaba preocupada, ¿todo está bien?.
¡Todo perfecto!. Micael y yo estamos en el coche, y en tres cuartos de hora estamos en tu casa. ¿Qué...estás animada?
Yo sí, pero te recuerdo que el toque de queda es a las siete de la tarde, y como no hayáis llegado a Jerusalem para entonces, no lo vais a tener nada fácil.
Te llamamos precisamente desde aquí. Hemos hecho un alto para tomar un café. Luego, de camino a Haifa, cenaremos algo, ¿te parece bien?.
Estupendo. ¿Cómo está tu hermano?.
¡Agotado, pero por lo demás muy bien!. Ya le he contado nuestro encuentro, y tiene muchas ganas de conocerte. ¿Quieres hablar con él?, le tengo aquí, al lado...
Ante la pregunta inesperada de Jhoan, Raquel se puso muy nerviosa. No entendí aquélla reacción suya, pero como siempre, supo salir airosa de la situación.
Prefiero hablar con él cuando le conozca personalmente.
Como quieras...¿Ya te has preparado el cepillo de dientes?.
Sí, todo listo.
Pues enseguida nos vemos. ¡Shalom, Raquel!.
Raquel desconectó el móvil y sus manos temblaban. Se sentó en el sofá e intentó tranquilizarse. ¿Qué era lo que su corazón sabía que su razón no era capaz de comprender?.
Volvió a salir a la terraza, respiró profundamente e intentó acaparar toda la brisa del mar en su pecho y en su vientre, y un pensamiento, salido de lo más profundo de su corazón, voló hacia el Cielo: “¿Qué me tienes preparado, mi amor, para que todo mi ser esté vibrando así?”.
No fueron 45 minutos, sino al cabo de una hora cuando Raquel oyó el claxon de un coche. Se asomó a la terraza y comprobó que eran los dos hermanos Jordam. Jhoan le hizo señas para que bajara, pues la puerta de acceso al complejo particular estaba cerrada.
Ella bajó, pero cuando estaba a punto de ganar la puerta de entrada, éste la estaba esperando. Un vecino que salía con su coche, les había facilitado la entrada. Micael seguía al lado del vehículo, esperando una señal indicativa de Raquel para aparcarlo. Mientras hacía esta operación, Jhoan le preguntó:
¿Estás nerviosa?.
Pues un poco sí, la verdad. Tu hermano...¿crees que viene decidido a examinarme?.
¿Pero Raquel...no me digas que es por eso...?.
Sí, ya sé que es un poco infantil, ni yo misma me reconozco, pero sí, es tu hermano el que me inquieta.
Y Jhoan sonrió. Le pasó su brazo por los hombros y le dio un entrañable achuchón.
No te preocupes, viene pacífico. Cuando le hablé de ti y de tu interés por colaborar con él, se le iluminaron los ojos, y por primera vez en mucho tiempo ví a mi hermano sonreir, pero de verdad, con esa sonrisa que sale del corazón, y no con la que lleva siempre en su rostro para los demás. ¿Qué...te imaginabas a mi hermano así...?.
Jhoan, si le he visto un segundo y de lejos... Solo se que es muy alto y que parece más moreno que tu.
Físicamente, mi hermano ha salido a nuestro padre, que era egipcio. Yo he salido a mamá, con piel blanca, ojos azules y cabello rubio, aunque ella es mucho más rubia que yo.
¡No, si ya veo que tu eres el guaperas de la familia!.
Puede que lo sea ahora, pero mi hermano antes era un hombre casi perfecto. Parecía un adonis, pero desde que...
Y en aquél mismo instante a Jhoan se le hizo un nudo en la garganta y sus ojos se humedecieron. Reaccionó enseguida y prosiguió con el mismo tono campechano y cordial, pero Raquel archivó automáticamente aquélla reacción de su amigo en el corazón. No era el momento de preguntar.
Desde que cumplió los cuarenta, y como no se cuida...Tiene 44 años y parece un hombre de más de cincuenta, pero es maravilloso, Raquel, ya lo conocerás...eso si termina de aparcar el coche. No he visto hombre más malo que él para conducir.
¡Hombre, menos mal...algún defectillo le has encontrado!. Ya empezaba a sospechar que me estabas vendiendo a tu hermano. (Jhoan se le quedó mirando con cierto interrogante, pero al final se echó a reir).
¿Se nota demasiado que adoro a mi hermano, verdad?.
¡¡Sí, pero es muy bonito!!.
Es que, le veo siempre tan solo. A veces no comprendo al Cielo, Raquel. A un hombre que ha entregado su vida a los demás, que vive para los demás, qué menos que concederle la compañía y el apoyo de una mujer que le ame.
¿Pero ya la ha buscado?. A veces hay que hacer un alto en el camino y dedicar un tiempo para uno mismo.
¡Eso sería lo ideal, Raquel, pero en su caso, las circunstancias se le han presentado así. El nunca se queja, dice que es feliz, que nunca está solo, y es cierto, porque su corazón siempre está lleno. Pero es un hombre, un ser humano, y como tal siento a mi hermano tremendamente solo.
¡Todos nos sentimos solos alguna vez, Jhoan, pero nunca lo estamos!. Vivimos y experimentamos un gran amor en nuestros corazones y como humanos nos pasamos toda nuestra vida buscando al hombre o mujer de nuestros sueños. En realidad buscamos una proyección de nuestro propio corazón, de ese gran Ser que late en nuestro interior y que nos ama y abraza continuamente. Pero estamos revestidos de carne y necesitamos amar y sentirnos amados en la carne y desde la carne. A veces ocurre un milagro, y ese gran amor se reviste igualmente de carne, se hace el encontradizo y surge el flechazo, y cupido con su arco dispara, pero no una flechita, sino una lanza, y atraviesa los dos corazones amantes unièndoles para siempre.
¿Tú también sientes ese amor, Raquel?.
¡Sí, Jhoan, y soy una experta en ello, como también lo soy del dolor!.
Es que el amor y el dolor son uno mismo, eso dice Micael. Para él el dolor es el amor incomprendido.
Es curioso, eso mismo pienso yo, y lo siento, aunque aparentemente son opuestos.
En aquel momento, Micael, que había aparcado definitivamente el coche, había ido al encuentro de los dos interlocutores, pero éstos, enfrascados en tan profunda conversación, no se habían percatado de su presencia. Micael, cogiendo por los hombros a su hermano y posando cariñosamente su mano sobre el brazo de Raquel, se anunció:
Vuestra conversación tiene que ser interesante...¿cúal es el tema?.
¡Sobre el amor, hermano!.
¡El mejor de todos, sí señor...!. Y tú...inconfundiblemente tienes que ser Raquel...¿no...?.
¡La misma! (Y Raquel, sin pensarlo dos veces, casi instintivamente, se abrazó a Micael. El la apretó con fuerza, la miró a los ojos y sonrió. Ella pudo observar que, efectivamente, aunque era un hombre joven, su rostro estaba bastante castigado y avejentado, pero aquéllos ojos color de la miel...¡qué ojos, madre mía!, parecían ser toda la esencia de aquél hombre. Y su sonrisa...,si había tanta luz en aquél gesto...cúanta habría de tener en su corazón... Raquel se sentía flotar entre los brazos de Micael. Por un momento sintió que su cuerpo se había desvanecido. Solo sentía su propio corazón fuertemente atraído por los ojos de ese hombre).
¡Eres mucho más bonita de lo que me imaginaba, Raquel!.
¡Gracias por el cumplido!
No es ningún cumplido, es la verdad. Me alegro de que hayas aceptado nuestra invitación.
Raquel, hemos aparcado porque yo necesito ir al baño. ¿Podemos subir?.
¡Pues claro, Jhoan, esta es vuestra casa!. Otra cosa muy distinta es que podáis andar por ella, no hay más que cajas y paquetes por todos los rincones, pero los baños están ya instalados, y si deseáis daros una buena ducha, también...hay agua caliente.
Micael, yo no lo necesito, pero tu no te has podido asear en el hospital y cuando lleguemos a casa ya será muy tarde. (Respondió Jhoan)
Pues si no te importa Raquel, sí que me daría un buen remojón. Llevo dos días sin poder ducharme, y con este calor...
¡Pues claro que sí, ya os he dicho que esta es vuestra casa!. Subamos y os lo preparo.
Cerraron de nuevo la la puerta de hierro de acceso a la urbanización, y se dirigieron hacia el chalet. Una vez allí...
Micael, mira...sube por estas escaleras, y a la derecha tienes el baño. Está la puerta abierta. Tienes toallas limpias colgadas, gel y secador de pelo, y si necesitas algo más, me dices. ¿Queréis que prepare mientras tanto un café?
Nos lo hemos tomado en Jerusalem, pero si te apetece repetimos.
Os advierto que el café que se prepara aquí no tiene nada que ver con el que se toma en España. El vuestro es más suave, es casi agua, pero el nuestro es más fuerte. Mirar...una tazita de este paquete te pone a tono para unas cuantas horas.
En ese caso, me apunto. Necesito despejarme. ¡Hazlo bien cargadito!. Dices que el baño está a la derecha...
Sí...,si quieres te acompaño.
No es necesario, Raquel. Lo dicho: ¡bien cargadito! Y tú Jhoan...llama a mamá y dile que no nos espere levantada. Llegaremos muy tarde.
¡Ahora mismo, hermano!.
Y mientras Micael se duchaba y Jhoan hablaba con su madre por el movíl, Raquel fue hacia la cocina y puso una cafetera. Sacó del armario una caja de latón llena de porciones de bizcocho casero, y la puso sobre la mesa. Preparó las tazas y calentó un poco de leche en el microondas. Cuando se volvió de nuevo hacia la mesa, se vió de frente con Jhoan.
¿Te ayudo, Raquel?.
Tranquilo, no hay mucho que hacer. ¿Ya has hablado con tu madre?.
Sí, y ya se lo esperaba. No le gusta nada que vayamos por esas carreteras de noche, pero siempre hacemos lo mismo, y ella siempre nos está esperando cuando llegamos, sea la hora que sea, pero avisándola, se queda más tranquila.
¿Cómo se llama tu madre?.
Sara.
¿Y habla inglés?.
Las únicas lenguas que conoce mi madre son el hebreo y el árabe, y éste porque se lo enseñó mi padre. ¿Ya te he dicho que mi padre era egipcio?.
Si, ya lo dijiste. Entonces...tendré que empezar desde ya a hablar el hebreo.
Pero no te apures, Raquel, nosotros haremos de intérpretes.
Si no conociera vuestro idioma, me parecería bien, pero sabiéndolo...Alguna vez tengo que empezar a soltarme y más cuando voy a permanecer aquí un periodo largo de tiempo...(y en aquél momento, Raquel empezó a hablar en un perfecto hebreo, pero lentamente, como con miedo a hacerlo).
Bien...pues no está la cosa tan mal, Raquel. Solo te falta un poco de seguridad en ti misma, eso es todo, y un poco de práctica también. Nosotros intentaremos hablar un poco más despacio, ¿de acuerdo?.
¡Me parece perfecto!.
Jhoan y Raquel se disponían a repartir el café en las tazas, cuando un gran estruendo en la primera planta los sobrecogió. A continuación oyeron a Micael pedir ayuda. Raquel dejó bruscamente la cafetera sobre la mesa y echó a correr hacia las escaleras. Cuando llegó a la planta vió el desaguisado que se había producido. Un gran mural blanco de cartulina, con la imagen pintada de un hombre semidesnudo de cintura para arriba, y sin rostro, y pegado a un fino marco de madera azul que lo ribeteaba, había caído sobre Micael al salir del baño e intentar cerrar la puerta, ya que ésta era el apoyo del ya destrozado mural. Ahí estaba él, sentado en el suelo y con el mural de sombrero. Su cabeza había traspasado la cartulina haciendo un boquete en la cabeza sin rostro de aquélla imagen. Cuando Raquel vió aquéllas escena, reaccionó con un ataque de risa. Jhoan, que subía detrás, ayudó a su hermano a quitarse aquello de encima y a levantarle del suelo. Cuando ella consiguió calmarse, fue hacia ellos, y comprobando que Micael estaba intacto, le pidió disculpas.
¡Discúlpame, pero es que...no lo he podido evitar!.
Al menos te he hecho reir. No ha pasado nada.
Pero quiero explicarte el por qué me ha entrado ese ataque de risa. El hecho de tu caída no tiene nada de gracioso...podías haberte hecho daño.
Lo que siento es que te he destrozado el cuadro.
¡No, que vá...,tu me lo has terminado! (y a Raquel le volvío a tomar la risa)
¿Nos lo vas a explicar, o qué...?. (preguntó Jhoan riéndose)
Es un cuadro que pinté hace ya...casi veinte años. Le tengo mucho cariño, y ya veís que con lo que abulta, me lo he traído hasta aquí, y no ha sido fácil.
¡Lo traes para que yo me lo cargue! ( contestó Micael un poco preocupado)
¡No te des mal por ello, además...ha sido culpa mía. El cuadro estaba en un sitio inadecuado. Y ya te he dicho antes, no tenía rostro...y tu se lo has puesto. Tu cabeza ha encajado perfectamente. ( mientras Raquel hablaba con Micael, Jhoan inspeccionaba meticulosamente la pintura...)
¡Pero qué tecnica...es asombroso! ¿Y dices que lo has pintado tu?.
Si, hace veinte años, fue el primer cuadro que pintaba en mi vida, y creo que el último.
¿No habías pintado nunca...,pero supongo que sí tomarías lecciones técnicas?
¡No Jhoan, nunca me ha gustado la pintura, no es lo mío!.
¿Entonces cómo explicas lo de este cuadro?. Yo pinto, y entiendo de técnicas, por eso te lo pregunto, y este cuadro parece hecho por un maestro.
Pues igual en una vida anterior lo he sido, pero en ésta...¡ya te digo yo que no!.
Y la imagen...¡cúanta luz en los colores, cuanto amor en sus trazos...que lastima que no tenga rostro!. ¿Por qué no lo tiene, Raquel?.
Bueno, ahora ya sí...,tu hermano se lo ha puesto.
¿A quíen dibujaste..., quíen es este hombre?.
No utilicé ningún modelo. Es una imagen que llevo dentro de mí, y en un momento determinado sentí la necesidad de plasmarla, y así lo hice. Solo sé que mis manos se movían solas. Yo solo sentía a aquel hombre, y mis manos le daban vida. Pero cuando llegué al rostro, ví y sentí que se había borrado de mi memoria, y no pude concluirlo, hasta hoy...( comentó Raquel con una sonrisa levemente sarcástica)
Sí, pero no me has contestado. (replicó Jhoan) ¿A quien plasmaste aquí con tanto amor y tanta luz?.
Raquel dudó un poco en contestar. Le daba apuro airear sus intimidades. Les había cogido mucho cariño y confianza a los dos hermanos, pero el tema espiritual lo consideraba materia reservada. Micael captó enseguida el sentimiento de Raquel y salió al paso de su hermano.
Jhoan, no seas tan incisivo. No es tan importante el que Raquel nos diga
Quíen es el de la imagen, ¿no crees?.
¡Claro que sí, hermano...,disculpa Raquel...es que soy tremendamente
curioso.
Veréis...en una vida anterior, compartí experiencia con un hombre maravilloso, al que amé y sigo amando profundamente. Por desgracia, la humanidad, a ese hombre, como a muchos, lo hizo casi un dios, y no me atrevo a pronunciar su nombre.
Bueno...pocos hombres, a lo largo de la historia, han llegado a ser considerados asi. Me lo has puesto muy fácil...,se podrían contar con los dedos...,pero no entiendo Raquel, por lo poco que te conozco, cómo tienes miedo de proclamar un amor tan profundo, en vez de decirlo a los cuatro vientos.
¡Porque a nadie le importa!. Perdona, Jhoan, no iba por ti lo que he dicho, pero en fín...no tengo inconveniente en descubriros su identidad. El del mural es Jhasua, el llamado profeta de Nazaret.
Comprendo perfectamente el que te haya costado hablar de ello. Es algo tan íntimo...
Si, Micael, es íntimo, pero forma parte de mí, y quiero que empecéis a conocerme tal y como soy. Vamos a trabajar en equipo y es muy importante que nos conozcamos mutuamente. A mí también me gustaría que os mostráseis a mí tal cual sois.
Conmigo lo vas a tener muy fácil, Raquel. Cuando entrego a alguien mi corazón, no lo hago a cachitos, lo doy entero, y mi corazón es tuyo. Con mi hermano lo vas a tener más complicado. El te lo da todo, pero le gusta jugar y es algo travieso, y si no se le conoce bien...te puede volver loco.( contestó Micael riéndose),
Creo que ya empiezo a conocerle un poquito, y me gusta su estilo.
¡Pues en ese caso, también tendré que tener cuidado contigo!. (siguió Micael en un tono sarcástico).
Bueno, muchachos...vamos a tomar el café que ya hacemos tarde. (concluyó Jhoan frotándose las manos y dando dos palmaditas).
Los tres bajaron hacia la cocina. Raquel, mientras descendieron las escaleras, observó un gesto de dolor en el rostro de Micael. Su intención fue el preguntarle, pero calló. Cuando terminaron el café, recogieron la poca vajilla utilizada, apagaron las luces y cerraron la puerta de casa. El coche estaba aparcado en la pequeña carretera que circundaba la urbanización, y hubo que andar unos metros.
Conduciría Jhoan, Micael iría de copiloto, y Raquel pasaría a la parte de atrás.
Pero cuando Micael se inclinó para meterse en el coche, de nuevo el gesto de dolor, y esta vez parecía más agudo. Raquel no lo dejó pasar.
¿Qué te pasa, es la espalda...,te has hecho daño en la caida?.
¡No te preocupes, Raquel, no es nada, este dolor ya es viejo. Es que tengo la espalda destrozada por la tensión, y me duelo por eso. Con unas horas de descanso, se arreglará!.
Soy muy buena masajista, si quieres, cuando lleguemos a casa de tu madre, te doy un buen repaso.
¡Es un placer al que no quiero renunciar!. ¡Me apunto ya!.
Raquel se echó hacia delante y posó cariñosamente su mano derecha sobre el hombro y cuello de su amigo y compañero. Al contacto sintió su cuerpo duro como una piedra. Había mucha tensión en esa espalda, sin embargo advirtió que el pecho de Micael se estremecía como respuesta a su caricia. El reaccionó posando su mano sobre la de ella manteniéndola unos segundos. Luego se volvió hacia atrás y le sonrió, pero no con su rostro, sino con sus ojos.
¿Cúal es su diagnóstico, doctora masajista?.
Pues que me dá, que no todo es debido a la tensión, hay algo más. Cuando lleguemos te echaré un vistazo más exhaustivo.
Micael se volvió de nuevo y guardó silencio. Parecía como si aquel “algo más” le hubiese incomodado. Al menos esa fue la sensación de Raquel. Y ella también hizo una pausa y se puso a mirar a través del cristal. Estaba anocheciendo y apenas se vislumbraba el paisaje. Micael volvió a romper aquél mutismo.
- Veo que te has decidido hablar en hebreo, y lo haces muy bien, ¿dónde lo
aprendiste?.
Me lo enseñó mi madre. Ella era judía.
¿Pero judía por religión o por raza?. (preguntó una vez más sorprendido Jhoan).
Por las dos cosas. Ella era de Ramallah.
Pues está muy cerca de Jerusalem. ¿Ya has estado allí?.
¡No, y tampoco tengo ningún interés en hacerlo, aun sabiendo que allí hay familia de mi madre!.
¿Ocurrió algo desagradable?. (preguntó Micael).
Lo único que mi madre me contó es que con 16 años salió de alli huyendo. Su familia era muy tradicional y excesivamente conservadora, sin embargo ella era un alma totalmente libre. Se sentía manejada, utilizada y esclavizada en beneficio de sus hermanos varones, y se rebeló, y lo único que consiguió fue una reclusión de dos años en su propia casa y la amenaza inminente de convertirse en la esposa de un hombre al que no amaba.
Así que huyó, y un día, con lo puesto, y un billete de avión que un alma generosa le facilitó con destino a Madrid, abrió sus alas y echó a volar. Una vez en España se puso a trabajar de camarera, y un domingo se le acercó un cadete de aviación y le pidió que fuera su novia, y al cabo de unos años, cuando destinaron a mi padre a Francia, se casaron.
Tuvo un comienzo triste, pero un final feliz. ¿Tus padres dónde están ahora?.
Supongo que en cuarta dimensión o más arriba...¡quíen sabe! Murieron hace 10 años en un atentado terrorista en Marruecos. Un grupo de extremistas árabes entraron en el hotel donde residían y mataron a todos los europeos que en esos momentos tomaban su desayuno. Eran las primeras vacaciones que tenían en quince años, y terminaron así...
¡¡Lo sentimos mucho Raquel!!. Y... a pesar de saber que los asesinos de tu padre fueron árabes...¿no te importa ahora trabajar para ellos?.
Micael, mis padres habían decidido marcharse, y lo hicieron. Ellos sólo fueron los instrumentos. Además, yo no voy a ayudar a ningún árabe, sino a seres humanos que lo necesitan, y punto. No hay rencor en mi corazón. Lo único que me entristece es que todavía, en este maravilloso mundo, haya humanidad que necesite de la sangre de la otra humanidad para satisfacer sus instintos y carencias, que en definitiva, es pura ignorancia.
Raquel...¿sigues decidida a trabajar conmigo?.¿Lo has pensado bien?.
Sí, Micael, lo he decidido. Jhoan ya me ha puesto esta mañana al corriente de todos los riesgos y de los problemas con los que me voy a encontrar, incluso que no hay dinero. Soy totalmente consciente. Quiero trabajar a tu lado, si tu me aceptas...claro está...
Micael se volvió de nuevo hacia ella, le cogió la mano y la fundió con la suya, y tras depositar en ella un cálido beso le respondió:
Raquel, el Cielo te ha puesto en mi camino...¿cómo yo iba a apartarte de él?
Ni quiero, ni puedo hacerlo.
Tras aquélla respuesta de Micael, Raquel soltó con una caricia su mano de la de él, se echó para atrás y se quedó mirando sarcásticamente a través del espejo retrovisor a Jhoan, que a su vez también la observaba. El sabía perfectamente el significado de aquélla mirada de Raquel, y se echó a reir.
¡Qué puñetera, eres Raquel...!
¡Ah...yo, claro!. ( y la risa seguía)
¿Me puedo enterar yo del chiste?. ( preguntó intrigado Micael)
Es que tienes un hermano que presume de lo que no es.
¿Ah si...,y qué es ello?.
¡Que te conoce perfectamente!.
Pues yo creo que sí..., que me conoce perfectamente bien...oye...¿me lo vais a contar o no...?.
¡Suéltalo ya Raquel, díselo, porque te confieso que esta vez mi hermano me ha sorprendido!.
Es que Jhoan, esta mañana, cuando le he dicho que había decidido colaborar con vosotros, le ha parecido muy precipitado, y me ha advertido que tú ibas a marearme con preguntas y que ibas a ser muy incisivo conmigo, vamos, que me lo ibas a poner bastante difícil. El también me ha dicho el por qué podrías actuar de esa manera, pero yo le he respondido que si eras tan listo como decía, al mirarme tú a los ojos dejarías de hacerme preguntas. ¡Como así ha sido...al menos hasta ahora!.
No seré yo, Raquel, el que te diga o decida si estás preparada o nó para ir allí. Tu has tomado una decisión, y para mí es suficiente. He sentido tu corazón y creo conocerlo perfectamente. De él, no tengo ninguna duda. Sin embargo, a ti, como persona, te estoy empezando a conocer. Y a ti te está pasando lo mismo con nosotros dos. Los tres nos sentimos mucho, pero a nivel personal, todavía nos estamos descubriendo mutuamente. ¿Tu no sientes lo mismo?.
¡Pues sí...estos son mis sentimientos ahora!.
De todas formas, Raquel, eres libre, y si en un momento determinado ves que no puedes seguir, te marchas.
Micael, cuando tomo una decisión con el corazón, nunca, nunca me echo atrás. En el intento por llevarla a cabo podré errar, caer, podrán invadirme las dudas, los miedos, pero nunca desharé un paso que he dado por amor y con amor. Y sé lo que estoy diciendo, no hablo por hablar. Son palabras muy bonitas, si...y suenan muy bien, pero para llegar a sentirlas, vivirlas y expresarlas con toda la fuerza de mi ser, han tenido que pasar muchos siglos, muchas amarguras, mucho dolor, pero a pesar de ello, el mejor amigo y maestro que he tenido, la personificación más pura del amor como ser humano, ha seguido a mi lado, y ha hecho un buen trabajo conmigo: ha transformado un corazón hecho de piedra, en un transparente y pulido diamante.
¡Mira...acabo de descubrir en ti algo nuevo!.
¿Y qué es...?.
¡Eres de ideas fijas!.
¡Qué suave has sido...di mejor, muy cabezona!.
Bueno, eso lo has dicho tu, no yo...
¡Pero lo has pensado, dí la verdad!.
¡Lo has pensado tu, no yo...!.
¿Qué, muchachos...hay hambre...?. Esta es la última oportunidad que tendremos de cenar algo. Hemos llegado al área de servicio. Voy a aparcar aquí, os dejo en tierra y vaís pidiendo.
¿Y tú a dónde vas ahora?.
El depósito está en las últimas, así que me voy a echar gasolina.
¡Ya voy yo, Jhoan, tu te las arreglas mejor que yo pidiendo en los restaurantes!.
¿Y qué te pedimos a ti?.
¡Hermanito...sorpréndeme!.
¡Vé con Dios...y no te pierdas!.
Micael arrancó de nuevo el coche y salió a la carretera. Tenía tres kilómetros hasta la gasolinera. Jhoan y Raquel entraron en el área de servicio y se dirigieron hacia el restaurante. Tomaron mesa, y el camarero no tardó nada en aparecer. Ella había comido y pidió una cena ligera a base de ensalada y queso, pero ellos no habían probado bocado desde el desayuno, y Jhoan pidió para él y su hermano ensalada con la única carne que comían, cordero, y un buen postre.
Jhoan, pide para tu hermano un buen zumo de manzana o de naranja.
¿Tu crees?. Camarero, por favor...¿sería posible?.
¡Naturalmente señor, de manzana no va a ser posible, pero de naranja sí, inmediatamente!.
¡Muchas gracias!. ( y el camarero abandonó la mesa con la nota en la mano camino de la cocina).
¿Por qué se te ha ocurrido lo del zumo?.
¡Lo necesita, Jhoan, su cuerpo está pidiendo a gritos vitaminas, proteínas y otras muchas cosas...¿es que no lo ves tu?. Me dá que se tiene muy abandonado. ¿Pero de dónde saca tanta energía?:
¡De su corazón, Raquel, ya te lo he dicho!. ¡Claro que siempre voy detrás de él para que se cuide, y lo hace unos días, pero luego vuelve a las andadas. Mamá es igual que tú...cuando estamos en casa, su obsesión es que se alimente bien, al menos ella lo consigue, y espero que tú también, porque a mí no me hace caso.
¿Pero hasta cuando le aguantará su cuerpo si no se le da lo que necesita?.
Raquel, no creas...,mi hermano, a su manera, mima a su cuerpo, quizás no de una forma tan ortodoxa. Cuando el alimento es escaso, que a veces nos hemos visto en esas circunstancias, y las necesidades muchas, él le dá otro tipo de ricos manjares.
¿Cómo cúales?.
Es mejor que te responda él. Pero...dime, Raquel...de repente...¿por qué esa preocupación por su físico?.
Su aspecto demacrado, sus ojeras, la tristeza que a veces asoma por sus ojos, y esos gestos de dolor que he observado antes en su rostro...Cuando antes le he hecho el comentario de que en su espalda había algo más que cansancio, se ha incomodado, y tú, esta mañana, cuando recordabas el aspecto atlético de adonis que tenía tu hermano antes, te has cortado, se te ha hecho un nudo en la garganta y has cambiado fugazmente de conversación. ¿Qué es ello, Jhoan?. ¿Se trata de algo que yo no deba saber? Quiero ayudar a tu hermano. Su cuerpo está bajo los efectos de un trauma, y muy fuerte. Soy masajista, y tengo mucha sensibilidad en mis manos y capto cosas. Cuando he acariciado el cuello de tu hermano para ver cómo estaba, se ha estremecido de piés a cabeza. Jhoan...¿qué hay detrás de todo esto?.
¡No es ningún secreto Raquel, después de 10 años, todavía se habla en el hospital de Hermón de ello, y muy despectivamente. Mi hermano te lo habría contado antes de que bocas más sucias te lo hubieran hecho saber. Intentaré resumírtelo antes de que venga. Si antes no ha querido seguir con el tema, es porque vamos a casa de mi madre, y ella no sabe nada, y desde luego, para mí no es agradable en absoluto recordarlo, aunque él parece que lo asimiló desde el primer momento.
Jhoan hizo una pausa, bebió un poco de agua y cogiendo la mano de Raquel comenzó el relato:
- Ocurrió hace diez años. Mi hermano acababa de dejar la plantilla del
hospital y se hizo cargo del centro sanitario del campo de refugiados.
Estaba totalmente abandonado y no había asistencia sanitaria de ningún
Tipo. No llevaba ni un mes, que ya empezó a recibir amenazas anónimas,
Insultos. En dos ocasiones le destrozaron el poco mobiliario y material
Médico que había en el centro. Pero él seguía con sus consultas. Hasta que
Día, al atardecer, cuando se disponía cerrar el despacho, un grupo de
Encapuchados se avalanzaron sobre él y se lo llevaron en una furgoneta.
Y todo esto lo sé por la versión de los pocos testigos que hubo. Estuvo tres
Días desaparecido, y nadie se preocupó, ni compañeros, ni amigos, de lo
Que podría haberle pasado. Ni tan siquiera dieron parte a las autoridades.
Yo, por entonces, no estabá allí. Un hermano de mi padre, viudo y que
Vivía solo en el Cairo,